El conjunto de esculturas que forman parte de esta tesis artística, gira en torno a los conceptos básicos entre la vida y muerte; la razón y naturaleza. Mediante la utilización de la fiesta taurina, fiesta con mucha tradición y que reúne aspectos relacionados con lo ritual, ancestral y popular. Resaltando lo fugaz y la vitalidad de la fiesta.
Vida y muerte
Por un lado el triunfo del torero sobre el toro, supone el triunfo de la vida sobre la muerte.
La muerte necesita de la vida y la vida necesita de la muerte, las células mueren para que se produzcan otras, las galaxias explotan para que puedan surgir las estrellas. Las grandes relaciones entre organización y desorganización, caos y orden, relación e interdependencia determinan el desarrollo armónico de la integridad humana.
Se suele decir que una de las características claves de la muerte es la irreversibilidad. Así la función biológica de la muerte existe principalmente para permitir la evolución de una especie.
Pero también podemos inventar mecanismos de protección cuando estamos expuestos a peligros frente a la amenaza de la muerte; una especie de armadura o escudo protector, cuya función es el resguardo de la vida.
De esta forma está representada de una manera clara, la lucha permanente entre la vida y la muerte; la cual se ve reflejada de alguna manera en la vida cotidiana.
Razón y naturaleza
Y si miramos una característica de este binomio en oposición, el toro representa la naturaleza y el torero la comunidad y la conciencia social.
La presencia primigenia del “toro” en toda su dimensión, representa la fuerza de la vida y el principio masculino de la naturaleza.
De esta manera: con su fuerza, su energía salvaje y libre; simboliza la pujanza masculina; el poder erótico sin dominar, sin socializar, sin ser sometido a las reglas de la sociedad.
En este sentido la victoria del torero es un recordatorio de cómo el hombre vence a la naturaleza; impone su razón sobre la misma y la domina para ponerla a su servicio, inclusive eliminándola.
Existiendo así una relación de oposición, pero también de necesidad.
De esta manera tenemos la presencia marcada de la cruz como símbolo de vida y de muerte.
“Cruz: Patíbulo formado por un palo que se llama pie, hincado verticalmente en la tierra y atravesado hacia su parte superior por otro palo horizontal, más corto”.
La cabeza del toro (parte primordial del animal, y que significa la irracionalidad, la nobleza, el sacrificio y la muerte), es la que articula el tránsito entre la vertical y la horizontal.
Así el cuerpo del toro se eleva como estandarte o cruz de camino; elemento vertical, fálico; que representa lo masculino y espiritual.
Mientras que los brazos horizontales (formado por un yugo elemento representan lo femenino, lo racional y lo terrenal.
JACKSON W. M. Diccionario Hispánico Universal. México: San Mateo Templan, 1971.
T. I. p. 412
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